jueves, 29 de octubre de 2009

fibras áureas


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Motas de polvo estelar
siembran efímeras luces
sobre la tierra en desorden.
Llueven despojos de fragancia cósmica,
dorando piedras que fueran montaña,
hace años luz de hoy.

Esporas brillantes
orbitan sobre restos de planetas extintos
brindando un espectáculo final,
astrológico regalo para bestias sin historia.

Migran satélites.

Y caen retazos de universo,
portando el indivisible fulgor
de astros fenecidos, siglos ha.
Pero, aún su reflejo surca galaxias
iluminando a quienes carecen
de claridad propia.

Oro. Oro de aire diáfano,
dorante halo de fibras sutiles.
¿Cómo volar, tan raudo y nítido,
si hay retinas negándose a captar
el zigzag entre segundos?

Habremos de mutar la piel gimiente
por coberturas de sideral rocío,
sin considerar el pálpito mortal,
y descreer que nos impregna
el polvo de los elegidos.
A través de aéreos prados
mimetizamos el aspecto primitivo
con la mística evolución,
que transparenta.

sábado, 17 de octubre de 2009

gracias a Neruda


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(post lectura de “vegetaciones”, poema de Pablo Neruda, libro Canto General)

Vierten hacia mí los manantiales de agua prístina. Un poeta de otras orillas ha encendido tanta sensación bautismal, que ya no pendo de las sombras dibujadas por el tubo fluorescente como témpano, que irradió compacta soledad en ciernes. Por ejemplo, aquí tienen el viejo escritorio que, si se fijan bien, ha mutado provechosamente en balsa de fórmica a babor, y desde su cubierta (un pasito para el fondo caballero), admiraremos amazónicos esteros que hunden su verdor en la profundidad de selvas pobladas de misterio. Desechando por un breve pestañeo la embarcación oficinesca, sumerjamos dudas en ese mar que tiende a caerse del mapa extremosur. Ah, fluidos tan puros acarician las escamas que pueblan nuestras espaldas tersas. Sí, es cierto que también este viaje iniciático nos va transformando, ¿qué más da, acaso no llegamos con la extremaunción entre los labios sellados?, ¿y la necesidad de sublimar la naturaleza?. Nuestras vértebras, así como casi todos los componentes del cuerpo, poseen una versatilidad inaudita. Disfrutémonos, tal el durazno en jugosidad.
Huelo el progreso de forestas y serranías; palpo, con estremecimiento colegial, el paso eléctrico del colibrí atareado en sus ocupaciones. También, brota de mis yemas cierta jauría de loros vociferantes y juglarescos. Oigo con todo el cuerpo la sedosa pata del jaguar, mimetizado de arboledas. Y, al fin me comprendo holístico, integrante de multitud de especies, de las que a su vez resulto. Ahora casi abrazo la idea del humano existir como sumatoria de aspectos preexistentes. Consideremos, señoras turistas, permutar la herida que infligimos a estos hermanos, por la participación cooperativa hacia la auténtica evolución. No se trata, ni ahora ni antes, de dominar las virtudes que prodiga nuestra Madre, no. Sino de colaborar en el desarrollo vital, que excita por todas partes, incluso aquí, en el desvaído edificio laboral, donde tubos quimioterápicos plasman un hombre frente a su escritorio inmóvil. Sueños de utopía le asedian.

Arlane