jueves, 6 de enero de 2011

primer laburo


El muchacho, onda rugbier sin vocación ni entrenamiento, se presentó ante su majestad, el padre todopoderoso, al menos para sus muchos deudores. –padre, me voy a un viaje de mochilero por América–. –¡Má cóme de mochilero!, ¿sin auto, moto, bus de primera?, y a qué América, ¿la del norte?–, contestó ya medio caliente el tano mayor, que era explosivo entre propios y ajenos. –No viejo, por Suramérica. A USA ya fui tres veces–. El Don tronó desde su sillón de mando, –Usté stá loco, no le doy un peso, lo van a secuestrar, o afanar, quién sabe qué–. El heredero intuía aquella contestación del obtuso anciano, pero ya tenía sus ahorros, pellizcados de vueltos sin rendir y ventas de artículos familiares abandonados en el sótano. Sin despedirse, mochila bien provista y pesada como un bar, arrancó para el lado de la ruta de los sueños. Hizo dedo, nadie le dio bola. Caminó kilómetros sin salir de la ciudad, hasta que anocheció, el frío y el hambre lo sorprendieron de regreso. Abrió el portón su viejo criado, –qué tal el viaje, patroncito?–. El muchacho lo midió para asegurarse de que no lo estaba jodiendo, pero su estómago hacía ruido y le temblaban las piernas faltas de costumbre. –Bien Manuel, brava la vida del trotamundos–, dicho lo cual fue a sentarse a la gran mesa, donde lo espera un guiso a punto y una carpeta conteniéndo la cesión de la empresa de residuos a su nombre, “para que tenga algo de que ocuparse”, dice el mensaje con inconfundible letra del puño rápido paterno. Antes de cerrar los ojos cansados por la travesía, el heredero se repite aquel refrán que le enseñaran de pibe: “el que quiere celeste que le cueste”, aunque, de última, recuerda uno que le sienta como anillo al dedo, “más vale pájaro en mano...”, pero el sueño de riquezas lo traslada a mejores feudos antes de concluir. Mañana será otro día lleno de oportunidades para el joven heredero. En tanto, Manuel, siguiendo precisas instrucciones, ha dejado en el sótano, junto a los trastos, aquella mochila inútil ya, como las pretensiones de otra dicha.

Arlane

(la imagen pertenece a la artista Josiana Beain, 1979 Argentina)

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