sábado, 9 de abril de 2011

el nuevo paradigma







En este siglo recién estrenado, asistimos al derrumbe del sistema que rigió durante más tiempo que el conveniente. El capitalismo ya no tiene razón de ser, pues nuestro actual nivel de conciencia planetaria no acepta los métodos crueles en pos del beneficio económico, porque así se han depredado ecosistemas, se ignoraron leyes y autonomías, y se sacrificaron vidas, todas atrocidades derivadas del exagerado afán de riqueza. Entonces, resulta prioritario adoptar otro modelo de desarrollo que responda a las nuevas exigencias culturales. En Sudamérica se presenta un panorama alentador, con gobiernos que atienden las condiciones sociales, respetando el hábitat, y desenmascarando a los que aún pretenden sostener un arquetipo caduco y positivista. Además se percibe en estos nuevos dirigentes, la disposición para accionar en alianza con los países hermanos del continente, aspecto que hasta no hace mucho era impensable.

Si volvemos la vista hacia nuestros ancestros originarios, verificaremos que ellos comprendían el valor de ayudarse entre sí hacia objetivos comunes, y tenían en alta consideración la bondad del ser cósmico que nos alberga, llamándolo con nombres respetuosos: Pachamama, Abya Yala, etc., nacidos del agradecimiento. Actuaban en comunión con la tierra y con sus semejantes desde mucho antes que las fantasmagóricas carabelas irrumpieran en sus aldeas sin vallas, saqueando y matando, aplicando creencias y políticas nefastas para aquella gente noble por naturaleza. De ellos podemos tomar ejemplo, y de paso, reivindicar los derechos de esas comunidades, sentenciadas a la miseria por el sable y la cruz del conquistador. También, será de suma utilidad reparar en las experiencias de mujeres y hombres de otras latitudes que vislumbraron cuál era el camino del corazón, al fin el verdadero camino. Y ahí aparecen los cooperadores, quienes eligieron compartir antes que competir, en emprendimientos como el de Los Pioneros de Rochdale, la comunidad Nueva Armonía, y tantos más, cuyas primeras manifestaciones se remontan a los inicios del siglo XIX. Ellos no buscaban su beneficio personal antes que nada, sino que decidieron unirse con sus prójimos para lograr el florecimiento colectivo. ¿Qué relación habrá entre los pueblos originarios y aquellos precursores del cooperativismo, en su mayoría europeos?, una respuesta posible es que oyeron a sus conciencias, esa voz interna que nos dicta las respuestas que buscamos fuera. Cada quien atesora la sabiduría necesaria como para distinguir entre lo innoble y lo recto, seguramente estas personas, tan alejadas y de culturas diferentes, dieron con la llave de ese saber y tuvieron la valentía de practicarlo, descubriendo así el regocijo de proveer sin reclamar compensaciones.

Actualmente funciona una gran red de cooperativas en el mundo, que cuenta con más de setecientos millones de asociados y colaboradores, desarrollando negociaciones equitativas para distribuir bienes y servicios en zonas que las empresas con fin de lucro desechan por considerarlas poco rentables. Proponiendo además una alternativa válida a la falsa panacea de la globalización. Lamentablemente, esos emprendimientos mancomunados son inadvertidos por buena parte de la humanidad, pues los grandes medios de difusión aún permanecen en manos de quienes no comulgan con ideas solidarias y priorizan la emisión de programas conteniendo escenas violentas o burdas, destinados a embrutecer y desculturizar a los pueblos.

Esta es una nueva era, llena de posibilidades ya que está en nosotros decidir cómo queremos vivir. En las presentes circunstancias, es el cooperativismo la doctrina que mejor se ajusta a las aspiraciones de la humanidad, porque propone educación y salud a todos por igual, las mismas posibilidades de progreso, respeto por la diversidad, y cuidado del medio ambiente. Además, desecha la creación de falaces apetitos pues no es su meta aumentar el consumo superfluo, sino impulsar la dignidad en las transacciones promoviendo una ética de mercado, a través del precio justo y el desarrollo sustentable. Para la instalación de estos valores en la sociedad, es indispensable que se incluya al cooperativismo dentro de los planes de estudio escolar.

Ya no queda margen de error, nuestra subsistencia peligra debido a la contaminación resultante de la voracidad neoliberal. El nuevo milenio abre las puertas para que adoptemos otro pensamiento, un mejor modo de hacer las cosas. Es hora de reemplazar el modelo agotado, y alzar las banderas de un nuevo paradigma.


Arlane

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