domingo, 12 de junio de 2011

episodio umbílico

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Todo vislumbro mediante el agujero que gravita en el medio de mi totalidad. Desde allí paneo el entorno, desmalezo, y así, voy localizando aviesas intenciones, deseos a tener en cuenta. Mi golpe de vista abdominal registra el suceder y sus factores ocultos. Mientras los ojos de presa trafican con el mundo y la estirpe de mercaderes que pregonan orfandad y armas por el mismo precio

En ese trance orbitaba sobre calles añosas peatonales feriadas. Cuando, de pronto, partiendo al bloque multitudinario en un antes y después, la muchacha pelo al viento, ni tan joven ni demasiado hermosa, con modos de púgil me encaró, dibujando fintas de ataque con sus caderas de excepcional lustre.

Latíame umbílicamente el estómago por la expectativa y la sorpresa, aunque no me detuve; ella, a su vez, franca de ánimo, se arrimó dedicando pechos, roce labial, púbis en ristre, que lograron descarrilar mi tránsito por las alturas, haciéndome dar de bruces contra la sensualidad más terrena. Luego, sin decir buenas tardes ni hasta siempre, remitió a la humana marea, que la engulló, incesante, anonimada de tanta frase sin chances y empellones para llegar primero al vacío.

Oh!, aconteciéronme vahídos, sudoración súbita, y ganas de relación a como diera lugar. Otra señal fue que el hoyo visor a media altura, experimentó obstrucción nerviosa, haciendo un break en el flujo de información antes del cierre. Debí buscar, con urgencia de partos, donde yacer para recuperar el ánimo/arrojo/aliento. Entre la niebla de toxinas, distinguí un bar de arcano perfil, como faro en medio de tempestad donde naufragar. Sin aliento, me arrojé sobre una silla jurásica, que despidió distante olor a tango junto al eco de resortes pasados de moda. Estudiando un poco el lugar, fui sintiéndome mejor, el ambiente medieval me retrotrajo a vidas pasadas, cuando todo era previsible, siendo yo un monje a veces, campesino o ermitaño en otras. Solicité al mozo de cenizas algún trago elevador, mas el embrollo emocional que aún padecía me produjo impertinencia social, por eso ni probé la infusión de color pardo, y, relojeando al camarero en vías de extinción, ni bien se dio vuelta, me espigué de un salto. Imitando a la insurgente mujer, con la que fuimos amantes de cinco segundos, precipité en el fluir peregrino. Así, el viejo ardid de perderse entre la gente volvió a surtir efecto. Mi ombligo reactivó funciones a la hora y dos quilómetros, sin secuelas.

Deberé atender en breve este palpitar inaudito que me asalta en cada esquina, donde ella brilla por su ausencia durante los tumultos a los que, de mala gana, nos hemos acostumbrado.



Arlane

imagen= Cecilia Ribenc

2 comentarios:

  1. es un vicio ya, leerte...

    un abrazo y muchos besos!

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  2. grande Noe!, en este caso el vicio no es perjudicial para la salud, quizás lo contrario. Gracias por venir, y feliz día

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