domingo, 3 de julio de 2011

nueva capacidad

Existe un sentido extra, no catalogado dentro del ámbito humano. Lo he percibido en raras ocasiones, generalmente luego de leer o escribir durante varias horas seguidas, también como resultado de largas caminatas. Es la sensación de pertenencia a la totalidad, al universo.


Al principio creí que se trataba del mareo producido por miopía, o la secuela de no fumar durante la noche. Pero no. Esta cualidad se presenta llegado un punto tal de abstracción, que no registramos música ni voces de último momento, no escuchamos los llamados a la puerta, ni los requerimientos de nuestros familiares. Hasta se pierde el hábito de consumir porque sí


Según deduzco, este raro sentido, o capacidad poco explorada, reduce al mínimo el grado de percepción habitual, a cargo de oídos, lengua, vista o piel. Entonces, el sujeto en cuestión funciona a un nivel de conciencia diferente a lo acostumbrado, otra disposición se hace cargo.


Pero, una vez asimilada la novedad, cobramos la certeza de ser más que la identidad conocida, y vislumbramos la aptitud de trascender el presente bidimensional y harto repetido. Acontece una falta total de conflicto, ansiedad, especulación. Cada cosa y suceso encajan perfectamente en el orden recién descubierto.


Comprendo que un erróneo manejo de esta cualidad puede llevar a conductas extremas, y el sujeto podrá convertirse en fanático de las artes ocultas, irremediable distraído, o renegado sin consuelo. Aunque, bien utilizada, será de maravilloso servicio y podrá revivir el espíritu hippie de los ´60, complementando a la conciencia ecologista actual. Más aún, quizás a través de ese don logremos comunicarnos con los hermanos del espacio exterior, utilizando un técnica inexplorada y prácticamente gratuita. O, lleguemos a la comprensión de que formamos parte de un organismo planetario en el que cada cual tiene una función a descubrir en beneficio de quienes vendrán; dando así un noble sentido a nuestra breve y caótica estadía.


Pero, en sí lo importante es que accederemos a la soñada afinidad cósmica, donde reside el conocimiento tan buscado, y reconoceremos en el otro a un hermano del camino. Significando con “el otro” a humanos, animales, vegetales y minerales. Al fin, la nave tierra que nos alberga, será alabada como ente vivo, en el cual residimos por algunos años, y al que debemos respetar en beneficio de la posteridad.

Arlan

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