martes, 30 de agosto de 2011

soplo de repente

Un viento insular vino a mí, tan sorpresivamente. Cercó cuanto diera en acometer, como lujuria de algún estilo y en campaña, incluso. Dije "¡no mires!", hacia el ojo todo precaución. Pero nada. Aún vislumbranse lentas humaredas sobre el horizonte, desde un lugar al que no visité en pleno dominio. Señora del costado mío incurrió en reprimenda, suavemente apenas, llamando a reflexionar acerca de semejante condición. Sólo para que comprenda. “Y menos mal”, canto en postración ante su confianza, ¿de qué otra forma, sino?, ella gobierna por tácito acuerdo, pues yo, cuando opero en sincronía, debo ocuparme de subir por escaleras, agachar el físico de marras con el sólo objeto de quitar yuyos en infracción, y cosas por el estilo. Aunque, mayormente, el dominio de sí no representa una de mis cualidades entre muchas, por lo que buena parte del tiempo mi único quehacer consiste en hilar letras sobre el tapiz de las noches, ¿ y quién prepara la cena?

Arlann

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