viernes, 9 de septiembre de 2011

en fiebres



escribo en fiebre galopante, haciendo uso extremo de tal condición que desencadena catarsis pero con ritmo de baja frecuencia. Hablo para mí, como en complot, a modo de no advertir la tanta soledad alrededor. Porque es así, definitivamente; me hallo tan sólo, como asomando una cabeza impar hacia el abismo del que no se vuelve.  Cuerpo idóneo tose, desea despuntar el vicio aunque lo sepa indigno, le suenan las tripas. Miro y miro, lo encuentro, de suyo incrustado a la impar costilla. Podríamos hablar sobre qué, cuerpo y yo, ¿pero cuál asunto resulta pertinente llegados a este punto?. Ya es muy tarde, no se presta la hora para discusiones con semejantes; además me sucede este febril pasmo, respiro con dificultad, y cargo una pena vieja e indefinible. Dormir no es opción, resulta burdo a esta altura de los acontecimientos. Así que iniciamos muda tertulia, yo y cuerpo ad-hoc, a fin de darnos gracias, consejos, palmadas por el lomo. No es, realmente, tan importante el tema a tocar, lo fundamental estriba en diferir el broche final, el epílogo, a tamaño diálogo que sabe a cosa diferente. Porque la fiebre acecha, con patas verdes y aguijones; en cuanto reparemos en ella, desenfundará su show a más no poder, y entonces hay que agarrarse porque no frena hasta ver saciada la curiosidad matagatos, o las simples ganas de invadir sin respetar automedicaciones de práctica desaconsejada por la autoridad. Harto, él se acuesta lejos de mi alcance. Yo me quedo ardiendo, como si tal cosa.

Arlan 
imagen de la artista Laura Pacheco

2 comentarios:

  1. A veces, solo a veces, la fiebre nos hace delirar... y a veces, sale lo mejor de uno, casi como en un delirio.
    Te leo siempre, gracias.
    Abrazo de luz, Mirta

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  2. es confortante saberte lectora fiel, me obliga a mejorar. En este caso la gripe vino a entusiasmarme, y el malestar trocó en alguna otra cosa. Luz también para tu vida

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