martes, 11 de octubre de 2011

Albur de contramano

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Una noche en Pergamino se abatía otoño con evidente tendencia a invernar donde cupiere. Yo roncaba de contento cuando se produjo el estallido entre gallos y medianoche, fue un desmoronar de cuanto aprendizaje fuérame otorgado, también de lo que se codicia sin admitir error u omisión, o sea aquello inducido desde la más tierna infancia por propaganda o vecinos de fortuna vaya saber. En esa encrucijada, vino a mí el recuerdo de piquetes bloqueando avenidas, las huellas abiertas aún de atardeceres fúnebres en 2001, y una ancianidad recurrente como de primera comunión cada domingo por todos los santos!. En un flash me vi póstumo al compás de tangos en vías de extinción, símil lobo de mardelplata o panda que juega con asiáticos huérfanos. Poco a poco fui tornando en recuerdo de mí mismo, de tanto memorar lo presenciado entre ahora y atrás. Así que armé la vianda, y me mandé para los osarios, cuadrándome ante lápidas que sin embargo guardaron respetuoso silencio. Allí, obnubilado por olor a claveles y pellejos sin garbo, de golpe en la frente reflexioné: “cuánto pasado llevo en andas, y a pesar de esa distancia insalvable que marca el calendario, me dan escalofríos contemplando estos yacientes en orden geométrico, pues al galope siento zumbar una vejez de polilla, convirtiendo gestos, roles, y fragancias, en ocres hojas que se secan aunque lluvias aneguen el camposanto y la ruta de los sueños. ¿Cómo será reencontrarse con antepasados por agua y tierra?”. Me supe antiguo hasta las heces, convertido en legendario adiós me voy de gira por el limbo. Circundado de mortalidad y crepúsculo, entendí que hay el fin de un tiempo para cada individuo, que no es posible perdurar más allá de vanos testimonios sobre la huída entre claroscuros de una historia que no está completa. Tal vez, los objetos que se abandonan en ese viaje desequipado sobrevivan cargados de leyenda sobre tardes de trabajo, empañadas a causa del tubo flúordecadente, y sobre almacenes de barrio y fin de fiesta. Queda siempre la auto justificación de reencontrar a ciertos ancestros como viejas deudas de juego. La posibilidad de un paño sepia donde dirimir lo dejado pendiente durante alguna de las tantas noches porteñas de mi flor. Pero, nada alivia la certeza de que toda dicha contiene desde el inicio su innegable vencimiento. Conclusión: como es afuera es adentro y viceversa.





ARLAN

2 comentarios:

  1. Albin! Que alegria me da tu visita y mas aun, visitarte. Hay mucho talento en este texto y realmente lo admiro, me encantaria poder escribir prosa para comunicarme desde otra perspectiva pero lamentablemente no se hacerlo. Y cada vez que leo textos donde el manejo de la palabra, de la idea y de la sabiduria personal es tan equilibrada y distinguida, no puedo mas que admirar texto y autor. Un abrazo.

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  2. María, me pone bien que vengas, he leído tu último texto y cada vez lo hacés mejor, me inspira a escribir. Cariños amiga

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