domingo, 23 de octubre de 2011

flamante crepúsculo

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.
Tu telúrico canto me asaltó



sobre aquel barranco.


Miraba, ausentemente, la crispación de la marea.


Masa oceánica suspendiéndome


del fragor mundano


y su maquinaria a toda prisa.


Se mecían gaviotas azules


peces de alas en ristre planeaban


desde oleajes tan libres que daba miedo


Y mis pensamientos eran


hogueras flameando en la oscuridad.


Entonces, tu voz...


Descalzándome los caminos,


invistiéndome de una tonalidad


símil bosque, hierba en palpitación


Aunque la escasa razón dictaba


que tu alejamiento, tu remota vida,


entrañaban razones de atendible peso,


sólo sé que te escuchaba


nombrándome en la canción de vientos


que asolaba médanos y arena.


Conduciéndome hacia ocultos astros


en que reconocernos no significara peligro.


Encanto místico


que incrementó mi frecuencia


para convertirme en nuevo sonido de la bahía.


No hubo ya

gaviotas ni acantilado

desvanecido el mar con sus peces al vuelo.


El cántico espacial


transportaba mis genes


hacia puertos donde desembarcar


para renovarnos juramentos antiguos


ante un crepúsculo equivalente


a mis dudas y a tu exilio.

 
ARLAN

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