lunes, 26 de diciembre de 2011

diálogo de vísperas

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¿Ves el cielo, raso de tanta intemperie, como un desierto salpicado por guijarros a la marchanta?. Bueno, dicen los que se llaman sabios, que de allí mismo descenderán carruajes de fuego a discreción, conducidos por querubines rosacastrados, anunciando a trompeta alzada la llegada de un benefactor sin mácula ni ocupación conocida, que cambiará todo este lío del que nadie sabe cómo zafar. No, nosé si llamarlo extra terrestre, hijo de dios santo, o como sea, pero si vos querés ponerle un nombre, dale nomás, ¿qué podemos perder?. Por lo que averigüé sobre tal rumor, se trataría de un flaco con cara de no me importa, rubio aureolado, pelo más largo que lo decoroso, y unos ojos mar abierto de padre y señor. Pero (para todo hay un pero), existe una contracorriente, un pensamiento bajo cuerda, que pregona en cambio la inexistencia de esos angelones de ombligo a la intemperie, nada de carrozas rimbombantes, y mucho menos figurarse que un ario esquelético nos vaya a liberar de ninguna cosa peor. No señor, estos pensadores nueva era, afirman que el tipo va a moverse en un carro como esos que pasan juntando basura y trastos en desuso, sin hacer bulla ni declaraciones para los medios. Este personaje, morocho subido para más datos, lucirá una onda tribuna de las bravas, rulos al viento, manos de oso cuando pesca, y panza de dudosa procedencia. Por supuesto, que esta línea de pensamiento sostiene que el susodicho minga de paz y amor, va a emprenderla a las patadas con los puestos de feria judicial, con las prepotencias de los mandamás y asociados, y otras varias mierdas de estos tiempos que corren para donde sopla el viento. Particularmente, me importa un rábano el color o talante del que llegue, con tal de que nos conduzca hacia algo mejor, que arregle tanto quilombo. Y convenza al mundo cruel que para festejar su paso de corto aliento no es necesario correr entre escaparates a punto de explosión con tamaño despliegue y ofertas de temporada, ni darse de bruces por las calles repletas buscando regalos a última hora, sin tiempo para saludar siquiera o mirar para arriba a ver si ronda el viejo Noel. Digo, que nos haga entender, de una vez y para siempre, que lo mejor para aportar reside dentro de cada cual a su juego, sin importar la cantidad que llevemos en los bolsillos o entre los dientes. Así que lo conveniente es estar preparados, no sea cosa que el tipo llegue y nosotros como panchos, tomando birra y fumando hasta las heces. Tampoco ponerse a rezar, que ni el padrenuestro de corrido me sé. En todo caso, paremos con esto de comer a reventar, y gastarnos el sueldo en cohetes y obsequios a dar de baja antes que las velas se apaguen. Acá a la vuelta viven unos guachos que ni para el pan dulce, dale carguemos una de estas bolsas con regalos que no vamos a usar, y se las llevamos, también morfi, sidra, cañitas voladoras, y saludos según dicta el espíritu navideño y Crónica TV.

Te digo, si viene el juicio y las epidemias, que nos agarren con las manos vacías y la conciencia en paz. Después vemos para dónde agarramos.

ARLANN

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