viernes, 9 de marzo de 2012

Encuentro inesperado



anoche, muy tarde ya, di de bruces con un ciruja cuyas manos en duermevela revolvían cestos de basura a diestra y siniestra. Que buscaba material de lectura dijo, como para combatir la humedad antes de que lo impregne todo, y también la extraña soledad en que se encontraba sumido, sin que tuviera ello que ver con edad o condición socioeconómica. Ni bien reparó en mi espectativa, requirió algo de comer, beber, o pitar si fuera el caso. Y como para hacer más llevadera semejante labor a estas horas. ¿Qué decirle?, no me sentí capaz de ignorarlo, negándome a cualquier donación, arguyendo motivos de fuerza mayor, de no me vengan a joder con este clima cada vez más loco. Saqué el atado, cuya mengua era evidente, y ofrecí cuanto estuviera a mi alcance, más teniendo en cuenta la proximidad de un alba quizás póstuma para uno de los dos. Evitando dar las gracias o algún remedo de compensación no pedida, se alejó  lo más campante, exhalando el aire que le resta por las tortuosas calles de aquella ciudad dormida como bestia en su madriguera. Me quedé, acaso defraudado por tanta cosa mal resuelta, mirando como en sueños el tránsito de gentes a motor, ignorantes de este tipo de encuentros y quién sabe de cuántas situaciones dignas de ver, solo notorias a paso de hombre.


Arlan

imagen= Gervasio Gallardo

No hay comentarios:

Publicar un comentario