lunes, 18 de junio de 2012

de madrugada



Amanece en París ¿amanece?, y también en otros lugares exóticos por lo distante. Jamás visité la Ciudad Luz, pero calculo con empeño de transeúnte desde siempre que allá las madrugadas son distintas, no habrán masas de obreros, pitando y escupiendo veredas, mientras engrosan el desfile aletargado por andenes que ratas y basura hacen suyos en feriados y fiestas de guardar. Por aquella orbe tan mentada, los rayos de sol para película tejen filigranas al cruzar la torre famosa, en las plazas rodeadas de cafés literarios sin guardias ni rejas, los acordeones meta marsellesas y baladas a lo Maurice, hasta la Bardot pasea envuelta con un camisón transparente muy onda 60, no envejecen los célebres en París, y cada quien tiene su minuto de fama. ¡Cómo asomaría esta cabecita negra por la ventana del hotel tan Chabrol, para sacar millones de fotos Kodak!, aunque me quedé sin rollo en el 2005, cuando el viaje a La Falda por sindicato. Pero, qué importa, si para lo que hay que ver en estas pampas demasiado húmedas, en medio del sur (¿existe?) a las patadas, y con ese mismo sol tono ceniciento, dándome a pleno en la frente marchita, desnudándome el rostro sin afeitar de tan temprano y apatía propia de tercer mundo que cuándo empezará a desarrollarse, carajo.


Imagen= René Magritte 

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