lunes, 11 de noviembre de 2013

vendaval

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Tempestades convergen hacia mí, provocando a veces una ventisca de tal magnitud, que tiendo a creer en imposibles, por ejemplo levitar aún consistiendo así de humano. Entono: “soplá íntimo vendaval de propia entraña, para romper hábitos destinados a la muerte, costumbres sin ton ni son o nada mejor a que atenerse. Soplá y hacé que atraviese las personas autos murallas mentales que se oponen a mi progreso inmaterial pues no necesito comer para liberarme”. No importa si estoy trabajando a conciencia, viajando en angostos trenes, cenando con la parca; el huracán se desata y ya, circulándome por dentro como pancho por su casa, con noticias sobre tierras lejanas años-luz, con desmedidos sueños de posteridad. Y todo ello a ojos bien despiertos. Pero no digo que lo detesto o lo añoro si no llega, porque en ocasiones puede hasta parecer molesto, pero ¿cómo repetir la dicha de andar ingrávido y ser otro a quien nada apremia?

imagen= ARNOLD BÖCKLIN

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