domingo, 14 de junio de 2015

Cruje

el sitio en la cabeza que se llama universo, aunque pueda componer más de uno, esto es la noche pesando, la noche como himno, como limo, a veces frío de temer, otras no tan así, la noche cuando estalla lo íntimo y lo absoluto de los distintos calibres del espacio  Maquinan con esa ráfaga de datos las neuronas virales, dan a su capacidad un margen de error, luego uno de certeza, porque es incierto el cálculo dentro de la vía láctea  Cuántas estrellas por visitar se exponen a la vista en la montaña de escasa luz, ¿y si viniera alguien desde allá con un mensaje inusitado, o con sabias palabras difíciles de traducir?, capaz lo matamos por miedo al vértigo, tal vez lo entronicemos prócer, figura de público reconocimiento, merecedor de las llaves del poder ciudadano. ¿Qué pensar, adónde recurrir cuando los hemisferios, tendidos ante lo vasto, no responden?

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