lunes, 20 de julio de 2015

escrito con el radio

globos aerostáticos me transportan lejos, son de diferentes tamaños y colores, van mi cuerpo llevando, hipnotizado, creo que hoy no habrá desayuno, en semejante altura imposible consumir más que distancia, porque ¿cómo sujetar la taza rebosante en el aire que corre, y la ceremonia de mojar las tostadas o, si fuera determinada fecha, las medialunas recién salidas?. Aire, más aire en rededor, ni palabras o ruido a camiones, construcciones. Deben ser las dos de la mañana porque despegué hace horas y aún no tenía sueño, la abuela luna recién sonreía. Se sufre en elevación, un tercio de raciocinio conservo a pesar del cierre abrupto de los sentidos por este viento de no ser. Debajo suburbios mal iluminados, carentes, fogonazos de seguro disparos a quemarropa, sin embargo no alcanzo a los gritos oír. Lejos, arriba, de esa sociedad violenta me siento seguro, segregado, al fin a resguardo, lo difícil es no parar por el temor a romperse contra la dura realidad. ¿Cuál sería el arte de flotar sin rumbo ni fin?. Han perdido razón de ser los índices económicos, el transporte público. Todo lo que pueda ocurrir se reduce al impacto porque los globos tienden a perder sustento, no resisten la modernidad

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