lunes, 6 de marzo de 2017

premio en el concurso "Mi historia cotidiana", organizado por la Municipalidad de Lomas de Zamora


( imagen= Graciela Vecchiato )

Amanece en el suburbio. Niebla en hilachas surge desde las bocas de tormenta, como si la profundidad exhalara un suspiro. El aire gélido corta los rostros, pasos amortiguan ecos sobre el asfalto que brilla sórdido por humedad y temor a emboscadas. De a poco van iluminándose las ventanas del barrio, detrás se atarean señoras todo terreno, con agua pal mate alguna tostada con pan de ayer, para el padre de familia sostén del hogar, su peón querido que marchará, igual que cada día, hacia el laburo mal pago. Mamelucos, uniformes, ropa de trabajo para aguantar sudores y bajos ingresos, como una segunda piel curtida de voluntad, atuendos que pueblan las calles sin patrón ni vigilancia cuando aún el astro rey se demora en otras latitudes que seguro pagan mejor por los servicios. Muchedumbres desplazan su volumen abriendo penumbras. Pocos se saludan o creen reconocerse, las sombras más alguna que otra mala experiencia le aprietan los puños del alma, les clavan los ojos al suelo salpicado de escombros y perros durmiendo. Amanece pero nadie aquí lo piensa, con las tripas crujiendo a quién mierda le importa si sale o no el sol para alumbrar este páramo donde a ver quién se la banca.


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