jueves, 9 de abril de 2009

Cabalgata ida


Los cuatro jinetes venian por ella. No le extrañó, ya se habían anunciado desde semanas atrás, apareciendo, brevemente, en los fondos de la casa, como un flash que mostraba a dos hombres y dos mujeres, con facha de gladiadores, montados a caballos briosos, y que la saludaban levantando sus armas. Luego se esfumaban.
Lo comentó en dos oportunidades al marido, pero este, sin levantar la vista del periódico, no le prestó atención, contestando con evasivas. Desde el año pasado, en que Emma sufrió aquel accidente cerebral, su esposo había tomado la postura de ignorarla, enfrascándose en la lectura de los diarios. Despues de treinta años de matrimonio, ella consideraba injusto semejante trato. Lo odiaba sordamente.

Hoy volvieron los jinetes, pero ella estaba preparada. Llevaba la campera de jean con corderito, bombachas de campo, botas altas, y boina a lo Guevara. Salió al encuentro de los aparecidos, sonriendo. El jinete del fuego le dió una mano para que montara en su corcel. Una vez acomodada, Emma dijo: “vamos, pero antes haceme un favor”, Y le murmuró algo al oído. Inmediatamente, el angel de llamas apuntó su bastón hacia la casa, mandando un chorro hirviente de lava. La estructura se quemó por completo.
El marido no alcanzó a levantar la vista de las noticias.


arlane

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