martes, 2 de junio de 2009

códigos evanescentes


Avisté las aves de claro plumaje, girando en carrusel sobre humedecidos maderos del puerto. Aquel virar de plumas en suspensión distrajo mi diligencia, quitándome, por lapso atemporal, de los terrenales asuntos. Una simbiosis me aconteció y pude experimentar la elevación, el vértigo del aire precipitando el hueco interior. Al unísono con la ingrávida sensación se dibujaba un terreno inexplorado en la memoria, algo arcaico revelaba claves para desplazarse sin pies y utilizar corrientes celestes a fin de viajar, raudo, hacia comarcas distantes donde otros similares me estarían aguardando.
Fue tan bello y frágil como los sueños, de los que rescatamos solo hilachas insustanciales, sin contenido registrable. El cáliz secreto volvió a sellarse, vedándome las revelaciones. Aunque, sospecho que en la memoria genética están las llaves de ese reino.
Esas pequeñas hermanas blanquinegras me legaron, por breve instante, el sabor de ser libre completamente, gozando un compartido cielo, recobrando el don ancestral...
Códigos evanescentes.
Nos suspenden el interés, convocando a volátiles rituales en que los segundos valen como años. Y, el cuerpo momentáneo extravía su pesar


Arlane

3 comentarios:

  1. Gracias Arlane por todo lo que compartes. El desdoblamiento es maravilloso, aunque también riesgoso. Admiro tu capacidad de relato.
    Abrazo de luz, Mirta

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  2. Arlane, que bello despegue irreal, un transporte a lugares no conocidos, quizàs, como una elevaciòn àlmica, y, sì, probablemente las aves no solo te transmitieron sensaciòn de libertad, sinò que cargaban en sus archivos, en sus memorias de otras èpocas el poder del traslado para que pudieras estar en diferentes lados al mismo tiempo, y asì sentir liviandad, abandono de tu cuerpo

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  3. Agradecido a Luz del Alma y (?)Anónimo por sus gratos y certeros comentarios. Ahora me entusiasmo y subo otro, qué joder.

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