miércoles, 24 de marzo de 2010

milnovecientossetentayseis


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El peso de la historia es condena
por la ignorancia pueril
que toleramos.
En aulas devotas
fuimos instruidos para ejercer
la mejor indiferencia y discriminación.
Dentro de aquellos claustros,
calefaccionados y exclusivos,
permitimos el vendaje de las miradas,
creímos los discursos contra el albedrío.

Padres equivocados en buena fe,
aterrados por falsos conspiradores,
colocaron candados a toda expresión,
despreciando la rebeldía nueva
que estaba cargando los aires.
En aquellos días
de conciencias amordazadas,
ocurrían desgracias,
campeaba la injusticia.

Mientras,
los jóvenes selectos copiábamos indisciplina
de filmes para colonias
disfrazándonos como extranjeros
y hablando un idioma neutro.

Pero, había hermanos cayendo,
había niñas agonizando
dentro de pozos clandestinos.
Cómo nos engañaron!!
pintándonos un mundo de fábula
y complacientes máscaras.

Se confunden rabia y pena
al comprender
la inutilidad de nuestra bravura
y la fallida adolescencia.

No fuimos dignos
en el momento de luchar,
y, es inútil la excusa del crédulo,
cuando balas, gritos, censura,
todavía agravian la conciencia.


Arlane

4 comentarios:

  1. Ay Arlane! y yo ya estaba en la facu..., imaginate...
    Cuando digo que vivía en un taper, vivia en un taper!
    Gracias por tus palabras tan bien dichas!
    Abrazo de luz amiga, Mirta

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  2. y yo estaba haciendo la colimba (servicio militar), imaginate el bolonqui que fue eso, pero me permitió descubrir que los militares no son preparados para conducir un país, sino para defenderlo en caso de ataque externo. En cambio hicieron desaparecer toda una generación de compatriotas. Saludos Mirta

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  3. los que te engañaron fueron firmenich y los demás, que los mandaron al muere sin hesitar.
    si tenes 60 pirulos y no te diste cuenta, sé digno ahora y pegate un tiro.

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    Respuestas
    1. lástima que no dejas tu nombre, pero creo que esos que nombras fueron delincuentes y nunca les creí, los milicos eran el Estado y sin embargo desataron una locura criminal. Por ahora no pienso pegarme un tiro

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